Nos quedamos en marzo.
Con unos mal disimulados nervios por la elección y el miedo por no tener una puntuación que me permitiera llegar a abril cómodamente y elegir nueva especialidad.
Pasó abril, pasó la elección y mi apurada nota me sirvió para alcanzar mi primera opción entre cuatro, en el hospital elegido.
Pero quedé yo conmigo mismo. Tratando de aclararme si era una huida hacia delante o verdaderamente el cambio de rumbo que necesitaba. Y mal juez suele ser uno de sí mismo, pues cuando no es demasiado displicente es porque se convierte en feroz tribunal.
La anatomía patológica y la medicina de familia son considerablemente diferentes. Más allá de la superficie de ver/no ver pacientes, varía la esencia.
Anatomía patológica puede dividirse en dos áreas mayores: muertos y microscopio. La parte de microscopio es un concepto más o menos fácil de entender, de explicar y de ejercer. Estudiar la parte (la biopsia, la citología, el “cachito“…) para ayudar al todo, la persona. Si determino que el trozo estudiado es un tumor maligno el paciente será sometido a cirugía, quimioterapia, radioterapia o todas ellas. Si es tejido sano, la persona se quitará un peso de encima, se evitará incómodos tratamientos y seguirá con su vida normal.
Pero en todo caso los resultados sobre el paciente son indirectos. Pasan a través del compañero que atiende al paciente y podemos no enterarnos nunca del desenlace.
La importancia de la realización de autopsias es más difícil de aprehender. Porque aunque parezca una carcasa, tiene cara, tiene familiares, tiene una historia que contar. Porque aunque alcancemos conocimiento estrecho del proceso que causó la muerte de muy poco le sirve ya a esa persona. Porque el resultado de nuestra intervención es mucho más indirecto: control de calidad del hospital, realización de estadísticas y bancos de datos, advertir a los compañeros para reducir las muertes evitables. Algo que no se ve a simple vista y puede no llegar a verse nunca.
Como casi todos los médicos de familia en ocasiones me he quejado de la cantidad de casos sin importancia que atendía a diario en consulta. Pero también es cierto que los resultados eran más patentes. Agradaba ver, a los días de la primera visita, que la infección remitió tras elegir un antibiótico adecuado. Era motivo de orgullo oír de un paciente «aquellas pastillas me fueron estupendas para el dolor». Y cuando algo no iba bien, la cercanía permitía probar alternativas, estudiar, remedar errores.
Empiezo ahora una época de hacer las cosas bien por ser la manera en que han de hacerse. De aprender por el placer de aprender y de compartir lo aprendido. De “excelencia” profesional. De no ver los resultados de tus acciones. De no saber si lo que haces es útil hasta pasado cierto tiempo.
Pasaré de ejercer la medicina del aquí y el ahora a la de obtención de conocimiento útil para otros.
Supone dejar de lado cinco años de manera de pensar para adoptar otra diferente. Lo cual me llevaba a más dudas: ¿significa eso que he de hacer tabula rasa con lo aprendido y empezar de cero? ¿o hay alguna manera de combinar las disciplinas aprendidas con las que aprenderé?
La primera opción significa asumir que la primera elección de especialidad fue equivocada. La segunda puede suponer no alcanzar la suficiente pericia en la nueva especialidad.
Con estas ideas desordenándome la cabeza llegó mayo. Y me di cuenta de que no había escrito apenas porque apenas era capaz de ordenar las ideas.
La final de Eurovisión está al caer y tres días después de saber en qué puesto quedó Soraya y hasta dónde llegó Dita von Teese en su strip tease firmaré mi nuevo contrato. A pesar del curso de autopsias en el que me he colado estas semanas, ahí estaremos mis dudas y yo.
Pero también estarán novecientos noventa y nueve monos, mi mujer, y un perro travieso y desgarbado. Ellos me dicen que en la vida se toman decisiones, que no se cometen errores porque no sabemos cómo hubiera sido nuestra vida de habernos decidido por otra opción. Y que ninguna de ellas es la decisión correcta o la equivocada.
Suena sensato, pero yo era de los que leía los librojuegos Elige tu propia aventura con el dedo en la página de la que venía para volver atrás si lo que me encontraba no era bueno. Lástima que la vida no te deje marcar las páginas con el índice. Algunos avanzaríamos más confiados.

Me he sentido muy identificada con las dudas que expones,dudas muy justificadas por otro lado. Yo tambien soy Medico de familia, trabajando en centros de salud desde que termine la residencia, desilusionándome poco a poco, de la especialidad que escogí por vocación, y con la que mantengo actualmente una relacion de amor-odio, que en la actualidad me tiene paralizada, sin saber si correr el “riesgo” de tirarme a la piscina por completo y que sea lo que dios quiera, o hacer como tú, y cambiar el rumbo de mi vida laboral definitivamente presentandome al mir nuevamente (de hecho todos los años me inscribo para la realizacion del examen pero luego no me presento, incluso hace dos años estudie algo , me presenté, y pude coger plaza en mi ciudad, pero luego me “rajé” y no cambié de vida”).
Admiro tu decisión, y entiendo las lógicas “paranoias” que te están pasando por la cabeza, pero yo creo que es buena decision; comienzas una nueva éoca de ilusiones y de aprender cosas nuevas, lo aprendido bien está, y nunca podra´s reprocharte que no intentaste mejorar tu vida, ya que si has dado el paso de comenzar nueva residencia, con lo todo lo incomodo que tambien implica, será por que no estabas nada feliz con lo que hacías.. Te deseo lo mejor y felicidades por ser tan valiente.
Gracias, Marta
;).Luego todos los trabajos cansan igual y a los dos meses estás deseando vacaciones :P , pero sí es cierto que voy con muchas ganas. Y quienes me conocen en persona dicen que es una especialidad que puede ir bien con mi carácter y forma de trabajar. Espero darles la razón…
Reconozco también que para dar el salto hay que adaptarse bien al cambio económico, pues como residente se cobra tres veces menos que como especialista, y el dinero ahorrado también se acaba.
Verás que todo sale bien Jokin y que la decición es acertada ya que implica un cambio, y los cambios son buenos y amplían las experiencias de la vida. Aunque el trabajo sea indirecto, por el hecho de no “poner cara” a lo que, de manera coloquial, llamas “cachito”, verás como te es gratificante esa investigación “causa-efecto” y disfrutas con ello… La familia es muy importante y si dicen que esta nueva “ruta” encaja con tu carácter pues mira tú que bien no? :)
Disfruta con lo aprendido Jokin y no dejes de disfrutar con lo que aprenderás. Te lo dice una que intenta aprender todos los días de todo :)
Un abrazo y cuídate!